Las Regiones de Tarapaca, Coquimbo, Atacama y Antofagasta han construido buena parte de su identidad, economía y memoria colectiva en torno a la minería. Desde los antiguos pirquineros hasta las grandes faenas actuales, la actividad minera ha marcado el paisaje, la cultura y el desarrollo de sus comunidades. Sin embargo, existe una deuda pendiente —y al mismo tiempo una gran oportunidad—: profesionalizar el turismo minero como una herramienta de valor compartido, desarrollo comunitario y rescate histórico, integrándolo de manera estratégica al territorio.

El turismo minero no puede limitarse a visitas aisladas o relatos anecdóticos. Requiere planificación, inversión, capacitación y, sobre todo, una mirada integral que conecte la minería con la comunidad, la cultura, el agua y la agricultura familiar. Bien diseñado, puede transformarse en un eje de desarrollo local sostenible, capaz de diversificar la economía regional y fortalecer el sentido de pertenencia, destaca un informe de la plataforma AndesWines.com

Uno de los pilares fundamentales del turismo minero es el rescate histórico y patrimonial, ya que cada zona minera cuenta con un invaluable legado de relatos orales y prácticas ancestrales ligadas a la minería que hay que rescatar y preservar. Profesionalizar esta oferta implica investigar, documentar y poner en valor estos elementos, transformándolos en experiencias educativas y turísticas de calidad, que dialoguen tanto con visitantes nacionales como internacionales, hechos que están siendo documentados en parte en el Libro del Vino antes del Auge del Pisco, que esta escribiendo el Historiador Patricio Orellana Varas desde La Serena. 

Pero el verdadero potencial aparece cuando el turismo minero se concibe desde el valor compartido. Esto significa que los beneficios no se concentran en unos pocos actores, sino que se distribuyen en la comunidad. Guías locales capacitados, emprendedores gastronómicos, artesanos, alojamientos rurales y servicios asociados pueden integrarse a una cadena de valor que genere empleo, ingresos y oportunidades reales para las familias del territorio.

La capacitación comunitaria en distintos oficios es clave para este proceso. No solo en los guías de turismo, sino también en restauración patrimonial, interpretación ambiental, oficios tradicionales que se están perdiendo, servicios logísticos y gestión de emprendimientos. Profesionalizar el turismo minero es, en el fondo, invertir en capital humano local, entregando herramientas que perduren más allá de un proyecto puntual, comenta Maximiliano Morales, Asesor de Proyectos Estratégicos en Mineria.

Otro eje estratégico es el rescate hídrico. En una región marcada por la escasez de agua, la historia minera ofrece aprendizajes valiosos sobre captación, conducción y uso eficiente del recurso hídrico que están siendo analizados por el 1er Laboratorio de Inteligencia Artificial del Agro de Imbert Labs en Ovalle. Integrar este conocimiento al relato turístico —y a proyectos prácticos— permite abrir espacios de educación ambiental, innovación y transferencia tecnológica, especialmente relevantes para la agricultura familiar campesina.

En este sentido, el turismo minero puede articularse con iniciativas de apoyo a la agricultura familiar, promoviendo huertos demostrativos, uso eficiente del agua y encadenamientos productivos locales. Asimismo, cobra relevancia el rescate genético de cultivos tradicionales, el intercambio de semillas y la valorización de especies adaptadas al territorio, muchas de ellas hoy en riesgo de desaparecer.

El rescate cultural es otro componente inseparable. La minería no es solo extracción; es identidad, música, lenguaje, rituales y formas de vida. Incorporar estos elementos de manera respetuosa y participativa fortalece la cohesión social y permite que las comunidades sean protagonistas de su propio relato, y no meros espectadores.

Profesionalizar el turismo minero exige coordinación entre empresas, municipios, universidades, organizaciones sociales y comunidades. Requiere visión de largo plazo, estándares de calidad y una gobernanza clara. Pero, sobre todo, exige comprender que el desarrollo no se impone: se construye de manera colaborativa, desde el territorio y con las personas.

Hoy, más que nunca, Chile tiene la oportunidad de transformar su historia minera en una plataforma de futuro. Un turismo minero profesional, inclusivo y sustentable puede convertirse en un puente entre pasado y presente, entre industria y comunidad, entre desarrollo económico y bienestar social. El desafío está sobre la mesa. La decisión es avanzar con estrategia, respeto y visión compartida.

Por Maximiliano Morales, Consultor de proyectos estratégicos de Minería

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